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jueves, 6 de noviembre de 2008

Bibliotecas Públicas

MIERCOLES 7 de Junio de 2006

La presidenta de la Asociación de Bibliotecarios de EE. UU. "Las bibliotecas tienen que ser el orgullo de una comunidad"
La especialista norteamericana Leslie Burger define las nuevas prioridades

Con el avance de los nuevos medios electrónicos, las bibliotecas públicas están llamadas a renovarse y son cada vez más necesarias.
"Me gusta creer que son cruciales. Cuando las organizaciones invierten en bibliotecas y crean instituciones fuertes, es un indicador del valor de esa comunidad en términos de inversión en educación, aprendizaje vitalicio y construcción de lazos comunitarios".
Así lo afirma la especialista norteamericana Leslie Burger, directora de la Biblioteca Pública de Princeton, que acaba de ser elegida presidenta de la American Library Association (Asociación de Bibliotecarios Norteamericanos, ALA por su sigla en inglés), que conducirá entre julio próximo y junio de 2007.
De paso por Buenos Aires, adonde llegó para dar la conferencia inaugural de la 39a. Reunión Nacional de Bibliotecarios, organizada por la Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina, Burger no duda de la importancia de la biblioteca pública como eje de la vida social de la comunidad: "Debe ser la institución organizadora y tiene que ser el orgullo de la comunidad", afirma.
A partir de su experiencia como directora de la Biblioteca Pública de Princeton (comunidad con alrededor de 30.000 habitantes, de los cuales 6000 son estudiantes golondrina), apuesta a la capacidad de inclusión y contención de la biblioteca dentro de la sociedad actual.
"Las bibliotecas son un componente central y se han transformado en un punto de encuentro, con miles de personas que las visitan para utilizar sus recursos", expresa, al comienzo de una entrevista con LA NACION, en la que se explaya sobre los nuevos desafíos que esperan a las bibliotecas.
-¿La biblioteca que usted dirige está abierta a todas las edades?
-Las bibliotecas comunitarias en general atienden a todos, desde el nacimiento hasta la tercera edad. Ofrecemos programas y servicios para alfabetizar tempranamente a los bebes, para que los padres se pongan en contacto con otros padres y así aprendan unos de otros, y para que los chicos en edad escolar tengan un lugar seguro donde asistir después de salir de la escuela, para que reciban ayuda con sus tareas y tengan un lugar donde ser, simplemente, adolescentes.
-¿Los adultos tienen un lugar?
-Diseñamos programas especiales para adultos: grupos de discusión de libros, de películas, foros comunitarios, recreación, baile, música. Trabajamos con muchas comunidades de jubilados, para transportar a quienes están en hogares de ancianos hasta la biblioteca para que puedan interactuar con otras personas.
-La biblioteca se piensa más bien como un centro cultural
-Sí y no. En este momento, las bibliotecas en los Estados Unidos piensan en su papel en términos mucho más amplios. La gente aprende de muchas maneras diferentes y mientras en el pasado nos centrábamos en materiales impresos, ahora entendemos que se aprende al leer, al compartir historias, al participar en un programa, en una sesión de capacitación sobre tecnología y a veces, simplemente, al mirar una exposición de arte. La biblioteca es uno de los pocos sitios que reúnen en un lugar público a gente de antecedentes muy diferentes, de todos los sectores sociales.
-¿Esto incluye a los sectores marginados?
-Sólo puedo darle una respuesta en el contexto de mi propia comunidad, Princeton. Recientemente, hubo mucha actividad de patotas y la biblioteca cumplió un papel muy importante al trabajar con otras instituciones comunitarias para generar un entorno seguro para los adolescentes, y ofrecer programas y materiales educativos. Como consecuencia de este esfuerzo concertado, en los últimos nueve meses la violencia disminuyó.
-¿La biblioteca trabajó para ello en conexión con las escuelas?
-Sí, trabajamos junto con las escuelas, con el centro de terapias antidrogas para jóvenes, con la policía, con la comunidad médica, con sectores religiosos y grupos comunitarios.
-¿Qué posibilidades de integración ofrece la biblioteca a la tercera edad?
-Brindamos muchísimas oportunidades. Tenemos un programa de voluntariado muy amplio, que permite a los jubilados ofrecer su tiempo para asistir a la biblioteca en su funcionamiento. Entre 50 y 60 voluntarios de la tercera edad nos ayudan todo el tiempo. El trabajo va desde colocar libros en los estantes, hasta ayudar como tutores de alumnos, leerles a los chicos o entregarles libros a personas que no pueden salir de sus casas. También hay programas abiertos y gratuitos y se favorece el intercambio social. Muchos vienen a leer el diario, a hablar con otras personas, a aprender a usar la computadora para poder comunicarse con sus nietos, a tomar un café en nuestra confitería, o simplemente a sentarse y leer un libro.
-¿Qué dimensiones tiene la Biblioteca Pública de Princeton?
-Cuenta con unos 165.000 libros, DVD y programas de software. Es nueva; hace dos años que existe.
-Usted afirmó que para crear esta biblioteca juntó a diferentes sectores de la comunidad para reunir dinero. ¿Cómo lo hizo?
-Para poder recaudar los fondos necesarios en forma privada fue necesario elevar el perfil de la biblioteca en la comunidad. Tuvimos que lograr que la gente entendiera que la que teníamos era insuficiente y crear la demanda de una nueva biblioteca, que ahora se ha transformado en una fuente de orgullo para toda la comunidad.
Ana Ojeda Bär.

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